martes, 18 de junio de 2013

Fragmento. Cap. XIX


En la actualidad: Castillo Romano con el Puerto de Sagunto al fondo.



[…] El ascenso hasta las murallas valió la pena. Desde allí, el mar se mostraba en toda su extensión y la población de El Puerto aparecía dando cobijo a la playa, como muestra de dos culturas diferentes compartiendo la misma tierra. A mi espalda las antiguas piedras y los campos que las rodeaban contrastaban con aquellas tres grandes moles que expelían el humo por sus bocas, y con las grúas que, empequeñecidas por la distancia, se divisaban junto al muelle, al lado de dos grandes mercantes que en aquel momento se encontraban anclados en espera de su carga.

—Aquel que se ve más pequeño, es el montacargas. Mi papá te llevará al interior de la fábrica y te enseñará los talleres y el lugar donde se transforma la materia que dio vida a mi Puerto.

Así, desde lo alto de la fortaleza romana, observando aquel mar azul y las formas grises elevándose hasta el cielo, mientras contemplaba las murallas y los verdes campos que alfombraban el terreno hasta donde la vista me alcanzaba y el aire se impregnaba de los susurros de antiguos amantes romanos, íberos, griegos, judíos y árabes, volví a sentir la rivalidad entre aquella tierra que ahora me hospedaba y mi tierra argentina al otro lado del mar. Y entonces, de nuevo, el temor a estar alejado de Rosita se apoderó de mí.[…]
 
Cap. XIX (Pág.185)
Fotografía: Ismael M.E

 

 

domingo, 12 de mayo de 2013

Intervención de la presidenta de Amaranto Cultural, asociación organizadora del acto.






Muy buenas tardes a todos y muchas gracias por vuestra asistencia a la presentación del libro Los gatos de Santa Felicitas, de Dolores Estal Hernández.

Soy Carmen Martínez, presidenta de Amaranto Cultural y quiero presentaros a las personas que amablemente han querido compartir esta mesa con la autora.

Ellos son:

—Maribel Sáez, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Sagunto.

—Carlos Alberto Cabrera, Profesor de historia y Lengua.

Agradecemos su presencia.

 

A partir de este segundo año en Amaranto, como todos estamos ya más asentados, las presentaciones de libros organizadas por nuestra entidad, corre a cargo de mi compañera Lola Estal, que es nuestra coordinadora del área de literatura; pero en esta ocasión y dado que ella misma es la autora del libro que hoy se presenta, me ha pedido que sea yo la que desempeñe esa función. Lógicamente estoy encantada de hacerlo y no sólo porque ella es mi compañera, sino porque la aprecio de verdad y le tengo cariño, porque ella es muy válida y porque el libro que ha escrito es una pasada.

Cuando tengáis ocasión de leerlo, me daréis la razón.

Quiero que me disculpéis, pero nací sin la vena que forja a los grandes oradores. Para hablar delante de vosotros he tenido que echar mano, como otras veces, a estos folios; lo mío es más la escritura. Este discurso lo escribí con mucho cariño hacia mi compañera Lola, en la soledad de mi estudio, pero en medio de muchos papeles, para ser leído en medio de muchas personas y en una tarde como hoy.

Una vez leí o le oí decir a alguien que leer es colocar una prótesis en el corazón. Todos hemos tenido la sensación de que algo nos falta, de que estamos incompletos aunque no podamos definir con claridad cuál es precisamente esa pieza que en algún momento perdimos o que, seguramente, jamás hemos tenido. Tal vez nos falta algo de aventura, tal vez un poco de amor, tal vez simplemente queremos algo que le dé sentido a nuestra vida. Leemos para eso, para suplir esa carencia. Leemos porque nos sabemos incompletos y para completarnos tenemos que echar mano de medios artificiales. Nos ponemos entonces, una prótesis de literatura. Las palabras son el hilo con el que solemos remendar nuestro roto corazón.

Es precisamente este hilo, el de la literatura el que construye palabras, el que se ha unido a este libro hecho de partes traídas de dos lugares del mundo: Argentina y España. La literatura y las palabras han conseguido que surgiera esta historia novelada que hoy os presentamos, con el título de Los gatos de Santa Felicitas.

Escribir es unir fragmentos y dar forma a un relato. El escritor toma cosas de aquí y de allá, une los sentimientos con las anécdotas y con su saber hacer. Nuestra autora ha demostrado que sabe hacerlo muy bien. Este es el primer libro que publica, pero no lo primero que escribe. Ella ha escrito antes algunos cuentos distribuidos en pequeños libros, así como bastantes poemas —preciosos poemas que a mí particularmente me encantan—. Y no hay que olvidar que, como redactora de la revista Amaranto, nos regala cada trimestre artículos de una innegable calidad literaria.

La primera vez que tuve ocasión de presentar un libro, me dije que no tenía muy claro para qué era necesaria la presentación de un libro; porque opinaba, y aún sigo opinando, que un libro, que un buen libro como es el que hoy nos reúne, se presenta por sí mismo.

Esta historia de Los gatos de Santa Felicitas es de esos libros que se presentan y se justifican solos, y eso se aprecia de inmediato nada más ojearlo, y que se corrobora de forma rotunda tras su lectura.

Así pues, y como estoy segura de que los méritos de este libro están por encima de mi modesta participación —y pidiendo disculpas a nuestros invitados—, esta presentación podría acabar ahora mismo recomendándoos que no perdáis un solo instante más escuchando mis palabras y acudáis cuanto antes a haceros con el libro.

Sin embargo, os confieso que con el tiempo he ido modificando mi criterio anterior sobre lo innecesario de una presentación, porque he aprendido a darle a un acto como éste una mayor dimensión y significado. La presentación de un libro, según lo entiendo ahora, es, o debe ser, más que un acto social, un acontecimiento cultural y, por tanto, una ocasión memorable y gozosa, sobre todo en los tiempos que corren.

 Nosotros, en Amaranto Cultural ya estamos haciendo lo que podemos en pro de la cultura.

Esta presentación del libro de nuestra compañera Dolores Estal, es una muestra de ello.

Una parte de la historia vivida en la dictadura de los años setenta en Argentina, está condensada en este libro.

Tratar de daros unas pinceladas de su contenido resulta difícil porque es tan densa la historia, y tal la evidencia de un trabajo tenaz, bien documentado y concienzudo, que se me hace casi imposible destacar tal o cual capítulo. De todas formas, aunque sé que la autora nos hablará ampliamente de su obra, y quizá también nuestro invitado Carlos, que es argentino y nadie mejor que él para comentar este libro, quiero decir que Lola Estal en esta novela, ha sabido demostrar una vez más, que el maridaje entre la literatura y el arte funciona; al igual que el misterio, el romance y los finales imprevisibles; Y tal como dice nuestra común amiga Débora cuando nos habla en una página, de la Iglesia de santa Felicitas; el libro está impregnado de historia, amores, desamores y muerte. Todo ello forma parte de esta obra que nos hace recordar temas que nunca deberían quedar en el olvido.

Cuando leáis este libro quedaréis encantados por la sencilla riqueza narrativa y descriptiva desplegada en él. Yo lo leí hace poco tiempo y me gustó muchísimo, me enganchó de tal forma su lectura, que no podía dejarlo, y lo leí de un tirón. Os aconsejo que lo compréis, porque os va a encantar.

Y es que nuestra autora es una trabajadora nata, que se implica mucho en todo lo que decide hacer. Sé que le ha costado muchas horas, esfuerzo y un trabajo de documentación importante escribir esta novela, pero todo ello ha valido la pena. Y es que yo pienso que sentándose a escribir cada día es como uno consigue ser escritor. Quienes no lo hagan así, en mi opinión, siempre quedarán en aficionados.

En la redacción de Amaranto estamos encantados de contar con Lola. Es voluntariosa, animosa, eficiente, cumplidora y, lo más importante, muy buena persona y muy buena compañera.

Me habría encantado haber podido incluir en alguna página de este libro mi opinión sobre la autora y su obra, para que todo el que lo leyera tuviese este conocimiento a modo de información, pero al menos, estoy contenta de haber podido expresarlo aquí hoy.

Solo me resta decir que espero poder presentar muchos más trabajos de ella, que este libro sea sólo el principio de otros tan magníficos como Los gatos de Santa Felicitas.

En nombre de todos tus compañeros de Amaranto Cultural y en el mío propio, enhorabuena y gracias por esta obra literaria que has regalado a la cultura.

A continuación paso la palabra al profesor Carlos Alberto Cabrera.

 
Discurso de Carmen Martínez  Falla, presidenta de Amaranto Cultural y directora de la revista Amaranto.


 

jueves, 9 de mayo de 2013

Del Cap. V (fragmento)

 
 

 
[…] Juan llegó a divisar a Margarita frente al parque Lezama; al levantar el brazo para que ella se percatara de que ya llegaba a la cita, alguien por detrás se lo agarró impidiendo que el gesto la alertara de su presencia. Dos patotas lo maniataron, lo introdujeron en un coche y le cubrieron la cabeza con un trapo negro.
      
Desde aquella tarde en que fue secuestrado, pasó por diferentes lugares y métodos. En primer lugar lo llevaron a la quinta, propiedad del Servicio Penitenciario. Allí conoció Juan el dolor. Primero fueron los golpes; después, la picana en la parrilla; las quemaduras… Al finalizar las sesiones de tortura, era llevado a un cubículo o cucha. En la cucha llegaba la humillación. Continuaba con los ojos vendados y maniatado, pero lo más humillante era sentir en su carne la cálida humedad de sus propios orines […]

(Fragmento, pág. 65)
Ilustración: Débora Tráchter.

domingo, 14 de abril de 2013

Fragmento. Cap. XV




 

[…] Una de las veces vi a una mujer que estaba siendo violada. No la había visto nunca, pero sí a la persona que se abalanzaba sobre ella obligándola a separar las piernas. La mujer, al final cedió de forma extrañamente voluntaria. Abrió las piernas y levantó el rostro hasta que sus ojos se encontraron directamente con los de su torturador. Lo estuvo mirando fijamente sin pestañear y sin oponer resistencia durante el tiempo que duró aquella humillación. No movió ni un músculo, pero su mirada gris se clavó en los ojos del hombre que recibió aquella descarga de orgullo como si la víctima lo hubiese estado abofeteando mientras la penetraba salvajemente.

Cuando hubo acabado su alarde de superioridad sobre la mujer maniatada, le pegó brutalmente con los puños cerrados en ambos ojos. Solo entonces, a ella se le oyó un gemido que, a continuación, y con apenas un hilo de voz, volvió a mostrar su arrojo. «Nunca podrás montar a tu mujer sin que veas mis ojos mirarte desde el infierno» sentenció[…]


Imagen: Blas Estal.

domingo, 7 de abril de 2013

Fragmento



 
Detalle de la fachada de la iglesia
 
 
«¡Qué será de mí, cuando en la noche fría
llore mi ausencia mi cama vacía!

Qué será de mis hermanos,
qué será de mis viejitos,
cuando de puerta en puerta llamen
dejando heridas las aldabas,
dejando el llanto
a su paso por las cuadras.

¡Qué será de mí cuando ya no exista!
¿Será ceniza o polvo mi plegaria
mecida en el regazo de una ola?

¿Será acaso flor de naranjo en el campo
rivalizando en aromas con espliegos y romeros?

Seré tal vez:
un verso libre recitado al viento
en una fría tarde de invierno.
 
¡Qué será de mí, cuando en la noche fría
llore mi ausencia mi cama vacía!»
 
 
 
 
Fragmento en memoria de los desaparecidos
 
Fotografía: Débora Tráchter
Una de las imágenes de la fachada de la iglesia de Santa Felicitas
(Barrio Barracas de Buenos Aires)

viernes, 14 de diciembre de 2012

"Acantilados de Papel" Reseña de Cármen Martínez Falla.

 

viernes, 14 de diciembre de 2012

El drama frente al vacío

Dolores Estal Hernández
Los gatos de Santa Felicitas
Ediciones Amaranto Cultural, 2011

Antes de comenzar esta reseña, he de decir que el vínculo que me une a Dolores Estal es muy grande, ya que se trata de mi compañera en la redacción de la revista Amaranto Cultural. Ella es, además de secretaria, nuestra coordinadora del área de literatura, funciones ambas que desempeña a la perfección. En nuestra redacción estamos encantados de contar con Dolores (nuestra Lola). Es voluntariosa, animosa, eficiente, cumplidora y, lo más importante, muy buena persona y excelente compañera. Personalmente quiero felicitarla por esta obra literaria que ha regalado a la cultura.

La literatura y las palabras han conseguido que surgiera esta historia novelada, con el título de Los gatos de Santa Felicitas. Es un libro formado con partes traídas de dos lugares del mundo: Argentina y España. La autora ha sabido unir fragmentos y dar forma al relato tomando cosas de aquí y de allá, y lo ha hecho muy bien.

En este libro se encuentra condensada, una parte de la historia vivida en la dictadura de finales de los años setenta en Argentina. Tratar de dar unas pinceladas de su contenido resulta difícil, porque es tan denso el relato; y tal la evidencia de un trabajo tenaz, concienzudo y documentado que se me hace casi imposible destacar tal o cual capítulo. De todos modos, quiero decir que Dolores Estal, en esta novela, ha sabido demostrar una vez más, que el maridaje entre literatura y arte, funciona; al igual que el misterio, el romance y los finales imprevisibles. De modo que la historia, el amor, el desamor, la obsesión y la muerte forman parte de esta obra, que nos hace recordar temas que nunca deberían quedar en el olvido.

Cualquiera que lea este libro, quedará encantado por la sencilla riqueza narrativa y descriptiva desplegada en él. Es de esos libros que se leen de un tirón. Os lo aconsejo.

Este es el primer libro que publica Dolores Estal, pero no lo primero que escribe. Antes ha escrito algunos cuentos distribuidos en pequeños libros, así como gran cantidad de poemas de una calidad innegable, y que espero de a conocer algún día con su publicación.

Finalmente hago mías las palabras incluidas en la sinopsis del libro: «En En Barracas, Buenos Aires, la iglesia de Santa felicitas ejerce un gran poder de seducción sobre el joven que, de espaldas a la turbulenta realidad argentina de su tiempo, intenta sobrevivir sin ser arrastrado por los acontecimientos. Para ello, el amor y la distancia juegan un papel esencial, haciéndose ambos elementos prioritarios y ocupando el espacio anteriormente dedicado a una obsesión. El arte se suma al escenario, convirtiéndose en el tercer componente de un tríptico que desembocará en un episodio inesperado.»

«Los gatos de Santa Felicitas surge del drama de una despedida. Constituye una firme defensa frente al vacío que suponen las ausencias injustificadas, transformando el dolor en letras, y el silencio de una voz en recuerdo».

Carmen Martínez Falla
Carmen Martínez Falla es presidente de Amaranto cultural y directora de la revista Amaranto.
 
 

martes, 28 de agosto de 2012

Reseña del profesor Carlos Cabrera




Los Gatos de Santa Felicitas


La novela transcurre en dos ámbitos espaciales distintos y distantes: Barracas, barrio del sur de Buenos Aires y Puerto Sagunto, Valencia sobre el Mediterráneo; primer acierto de una historia que se deja llevar sola, sin altisonancias ni recursos literarios pomposos. El ámbito físico real, que encierra el espíritu de los hechos narrados, será la Iglesia de Santa Felicitas, frente a la Plaza Colombia, allí donde reinara en el siglo XIX una familia acaudalada, los Álzaga (vecinos de los Montes de Oca, Balcarce y otros terratenientes que ocupaban esa porción del Buenos Aires decimonónico). El narrador, cuyo nombre desconocemos, nos relata el drama de aquella familia y los secretos de un alma viva (Felicitas Guerrero) que perdura en el recinto de la iglesia. Para ello se sirve de un personaje incierto, Calixto y sus gatos. Un recurso imaginario para conocer el fondo de la historia. Sin embargo, ahora, todo transcurre en un año crucial para la Historia Argentina: 1978. Es un tiempo de incertidumbre y persecución ideológica, oculto detrás de un Mundial de Fútbol que nunca debió ser parte de la trama. De modo simultáneo, la autora construye una historia hecha de romanticismo entre el narrador y su enamorada; el segundo gran acierto de Dolores Estal Hernández, acompañar el fondo del relato segmentando otra línea argumental no menos fuerte y atractiva: Un idilio que cruza el mar y vincula dos parcelas en mundos tan parecidos como diferentes. Y es una realidad consecuente con los viajes de idas y vueltas, con los vaivenes bajo el cual existimos, con la pleamar y la marea baja, yendo y viniendo, dejando huellas y arrastrando marcas.

En Barracas se huele el aire porteño de Buenos Aires, sus costumbres, lugares, giros idiomáticos; en Puerto Sagunto, también. Si por un lado, el pebete de jamón y queso y el café con leche o la pizza con fainá y moscato recuerdan un mediodía cualquiera, allí o en el barrio contiguo de La Boca, en esos domingos de pasión y fútbol, por la otra cara, el chocolate con churros y la horchata nos hablan también de otro aire porteño a once mil kilómetros, el de Puerto Sagunto. Si por un lado se camina por el viejo barrio de Buenos Aires partiendo desde la Iglesia (incluso llegando hasta Caminito), en el otro se camina por El Carmen hasta la Catedral valenciana. La descripción siempre es sencilla y nos traslada para ubicarnos en el tiempo y en el espacio. Las coordenadas son precisas, tercer gran acierto. Dos mundos, dos horizontes, dos búsquedas.
Los ejes del relato no excluyen el fondo. Si en un ámbito se percibe la inseguridad oculta del pensamiento libre (aparecen citados La ESMA y el Vesubio, lugares de tortura y desaparición física) con la lucha callejera de las Madres de Plaza de Mayo, en el otro también deja lugar para la reflexión sobre los Altos Hornos y la lucha obrera: "Vienen malos tiempos para la siderurgia...la política industrial no augura nada bueno" (pág. 195).

"Los Gatos de Santa Felicitas", permite descubrir mundos nuevos: Quien lee desde Barracas descubre Puerto Sagunto; quien lee desde Puerto Sagunto descubre Barracas. La novela es un eco de emociones que van y vienen, es una ola pacífica que transcurre en polos opuestos y atraviesa el mar profundo. La autora, en todo momento también invita a reflexionar, al sueño profundo de los ideales, a rescatar lo que todavía vive y a no perder la orientación de nuestra propia estrella.
Doble motivo para involucrarme con la novela, por un lado, el mero y simple hecho de que transcurra en un viejo barrio donde he vivido, en un tiempo, aún, ajeno a las circunstancias de un mundo paralelo; por el otro, descubriendo la historia ibérica, sus costumbres terrenales y sus paisajes encerrados entre el mar y las sierras nevadas.
Dolores Estal Hernández irrumpe con su primera novela, con sencillez expresiva y altura literaria, con poco ruido y grandes méritos escondidos. Estáis invitados a disfrutar de su lectura. (Ediciones Amaranto Cultural, 2011).

Profesor Carlos Cabrera, Valencia 11 de febrero de 2012.